LOS VALORES MORALES EN LA LABOR DOCENTE.
Impartir conocimientos es una de las labores del docente. Muchos maestros se preocupan de esta tarea como única responsabilidad. Sin embargo, educar no es solamente transmitir conocimientos. Educar es lograr que una persona haga por sí misma lo que debe hacer. Por eso, con toda propiedad podemos decir que en la educación está implicada la ética, pues ésta es la ciencia de las costumbres. Ética estudia la bondad o maldad de lo que hacemos. Su carácter es racional al ser practicada por el uso de la razón. Se refiere a descubrir de forma personal los valores que todavía no se ha sido capaz de percibir o descubrir en determinado acto.
Al respecto, resulta inquietante ver cómo hay muchos profesionales que han alcanzado grados académicos muy superiores, pero que no han actuado con rectitud en sus decisiones. ¿Qué ha fallado? ¿Quién debe educar en valores?
Sin lugar a dudas, son los padres los primeros responsables de la transmisión de valores. Deben empezar este proceso desde el momento en que el niño nace. Sin embargo, la estructura familiar actual no siempre favorece dicha actividad. Muchas madres son solteras. Por lo mismo, deben pasar muchas horas fuera de casa trabajando largas jornadas y sus hijos se quedan al cuidado de extraños, o quizá solos. En otros casos, los padres son tan jóvenes que ellos mismos carecen de formación en valores. De igual modo podría mencionarse la apatía que en general existe respecto a este tema, quizá porque se piense que en este mundo solo sobrevive el más fuerte.
Los valores se deben enseñar con el ejemplo. Sin embargo, algo que comúnmente ocurre en hogares con padres fumadores es que ellos ordenan a sus hijos que no fumen. Los padres saben que están haciendo algo inapropiado pero insisten en repetir su acción. Con ello demuestran su carencia de fortaleza para hacer lo correcto. ¿Cómo poder enseñar solo con palabras, mas no con hechos? Lo más probable es que los hijos serán también fumadores, pues resulta más fácil hacer aquello que se observa, no lo que se oye. En muchos hogares también predomina un ambiente de falta de respeto, de comunicación no asertiva, de falta de lealtad. Se ha vuelto tan común que las parejas recurran al divorcio o a la separación como solución a sus problemas maritales. ¿Acaso no es esa muchas veces la salida más fácil? Cuando los problemas de las parejas no son graves, quizá solo se requiera de la aplicación de valores tales como la paciencia, el servicio, la comprensión, o la confianza. Muchas otras situaciones surgen dentro del hogar, sin embargo, con la aplicación de valores podrían minimizarse o hasta resolverse.
Por un momento demos por hecho que en el hogar se enseñan valores. Es indudable que fuera del entorno familiar también deben ser reforzados. Quien puede ayudar a reforzarlos?
Esto nos lleva a pensar en el rol del educador. Se ha dicho que los educadores son como los segundos padres, y que la escuela es el segundo hogar del educando. Por ello, el rol del educador es elemental para influir positivamente en la mejora de la personalidad. ¿Cómo podría el educador hacer esta labor?
Podría enseñar la responsabilidad siendo él mismo responsable con su quehacer educativo. Eso implicaría hacer un plan de acción docente, tener preparada su clase, cumplir con todas sus atribuciones. Algunas no son sencillas, por ejemplo, preparar material didáctico, llevar al día la calificación de tareas, etc. Sin embargo, cuando el alumno observa el esfuerzo que el educador realiza, podría sentirse motivado a imitarle.
Otra virtud que el educador puede enseñar en el aula es la puntualidad. Lo hará al ser él el primero en llegar a la clase, dando la bienvenida a sus alumnos. También al tener todo listo en el momento debido.
La cooperación también puede ser reforzada en clase. Ésta se fomenta al trabajar en grupo. Las deficiencias de un integrante del grupo pueden ser compensadas con las habilidades de otro. De ese modo trabajan con alegría y esfuerzo para la realización de un plan en el que todos han colaborado. De igual modo puede desarrollarse un ambiente de interés por los demás, de simpatía mutua, evitando las discriminaciones raciales, políticas o religiosas.
Podrían ejemplificarse otros valores. Lo que se quiere señalar es el hecho que con un poco de imaginación y esfuerzo, el docente puede encontrar maneras de enseñar con su ejemplo y propiciar oportunidades de vivencia.
En conclusión, aunque los padres son los primeros responsables en la formación de valores, el educador también desempeña un papel muy importante. La transmisión y fortalecimiento de valores no es una teoría cognoscitiva. Más bien, es una vivencia. La mejor forma de enseñar valores es por medio del ejemplo. De allí la importancia que como educadores los hagamos parte de nuestra vida. Solo así podremos aplicarlos en el diario vivir. No hay que olvidar que una acción es mucho mejor que mil palabras. Por eso, corresponde a los educadores sacar máxima ventaja de toda oportunidad que pueda surgir dentro del aula para enseñar valores.
Solo la práctica de valores en la educación reducirá el grado de corrupción e injusticia que predomina en el mundo actual.